Descuartizar


El chiste es fácil. Concreto. Entra Daniel Sancho al Hilton, el presidio de Bang Kwang sito en Bangkok, la capital de Tailandia, cuando su compatriota Artur Segarra le pregunta: ¿Y tú por qué estás aquí?, a lo que Sancho le contesta: Por descuartizar, ¿y tú? A lo que responde Segarra: Por lo mismo. Porque en Tailandia ser español es tan sinónimo de descuartizador como lo era ser sicario a finales del pasado siglo si tu pasaporte era colombiano. Pero la pregunta seria, la concreta, sin duda, sería la siguiente: ¿qué lleva a un extranjero de procedencia primermundista a asesinar y descuartizar en un país que no es precisamente famoso ni por su justicia ni por sus presidios? O siendo más exactos: ¿por qué la población española expatriada en Alemania o Francia, mucho mayor que la residente en Tailandia, jamás secciona partes de sus asesinados, cuando en esos presidios puedes acceder a una carrera universitaria además de a piscinas climatizadas?

 

Llevo tres días –desde que el nuevo descuartizamiento ocurrió– recibiendo llamadas y mensajes de decenas de amigos y conocidos cuando ya son SEIS MEDIOS los que me han contactado ofreciéndome ofertas libinidosas, o por salir a hablar en directo en programas que basculan entre la mierda y la cloaca, o incluso por contarles asuntos que ni yo en realidad sé siempre a cambio de nada, como si yo fuera una prostituta yonqui y ellos los Bimbo: los frescos del barrio. En realidad, la nueva hornada del periodismo patrio, que a su manera también secciona, en este caso todo lo que tiene que ver con la moral y el código deontológico, debería hacérselo mirar. Pero claro, yo conocí a Segarra y lo entrevisté hace ya casi ocho años, que parece ser el pasaporte adecuado para hablar de cualquier asesino si este descuartiza y, además, lo hace en Tailandia. 

 

Que televisiones patrias envíen a Bangkok a sus corresponsales en Asia y que estos accedan, demuestra que la profesión periodística no anda por su mejor momento. De hecho, que me llamen a mí para opinar, es otra prueba evidente de lo mal que deben estar. Claro que todo tiene que ver con lo que quieren los lectores: morbo, famoseo, miembros seccionados, cercanía de la pena capital. Porque lo mejor de la vida actual no es que la pena de muerte esté prácticamente abolida en buena parte del mundo, sino que si ésta fuera legal sería, con toda seguridad, radiada y televisada con multitud de anunciantes y con los mismos presentadores y contertulios de los al menos seis medios que me ha contactado creyendo que yo he venido a esta vida a ser calificado de timorato. 

 

Lo que sí quiero contarles, tras lo poco que he visto y leído sobre el asunto de marras, es que me sorprende que se omita, como en el primer descuartizamiento de Segarra contra Bernat, un dato clave. Sonrojante por lo evidente. Y clásico: todos y cada uno de los que participaron en el primer descuartizamiento además de al menos el tal Sancho en este último, lo hicieron bajo los efectos de seguramente no una sola, sino de varias drogas. Sí, porque la gente en Tailandia que no es tailandesa suele drogarse gracias a un campo de cultivo apasionante: son por unos días cabezas de león, vacacionan, y viven entre el pedo y la siesta. Sí, porque los blancos sin que sea necesario que sean hijos de ricos y si además están en islas paradisíacas con sus parejas bajo fiestas infinitas y luna llena, pueden llegar a probar sustancias que en general son habituales en España, pero que allí, lejos de toda crítica y vecindad, se convierten en más madera para una vida entre disoluta y muy disoluta. La droga, repito. Todo aquello que los tertulianos de algunos medios que me han pedido participar omiten. Seguramente porque ellos también llevan la bolsa de un gramo en sus bolsillos mientras aparecen en antena entre compungidos y condescendientes. La droga, repito. Lo de siempre. 

 

Algún día la sociedad occidental será menos infantil. Porque ese día, los que nos cuentan las noticias irán al grano. Y mientras tanto, sigan hablando del padre y abuelo del asesino, de si el descuartizador era activo o pasivo, o de si el consulado español en Bangkok le llevará al presidio revistas del corazón a Sancho, donde seguramente saldrá él en portada diciendo aquello de: NO ME MATEN. YO SOY UNA BUENA PERSONA. Y ADEMÁS, GUAPO. 


(Publicado en El Imparcial el 14/08/23)

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