Son tan escasas las cosas reseñables que han ocurrido durante el partido que tendré que hablarles de los satélites del mismo. Comenzando por la asistencia al campo, datada en 2.615 espectadores, la cual nos asegura otra semana más que si bien es cierto que la campaña de socios está siendo un éxito absoluto, la asistencia al Reina Sofía no es para nada exitosa. El próximo año que se abran dos modalidades para que los que sólo quieran aportar y no asistir al campo, abonen, y así saber de verdad de cuántos aficionados disponemos cada dos domingos. Porque con poco más de media entrada, y por mucho que jaleemos sin cesar, trompeta incluida, no llegamos a amedrentar al equipo contrario como si fuéramos 4.500 almas unionistas. O al menos 4.000. Nuestra verdadera meta.
Ambiente frío, además, por culpa de un viento y una caída de temperaturas con cielo nublado que trajeron, además, dos cambios en el once. Uno por obligación: Javi Villar toma el puesto de Erik Ruiz en el centro de la defensa para que la novedad en el once sea Adri Gómez tomando el puesto del murciano; y otro por gusto del míster: la vuelta, tras muchas jornadas de Jordi Tur, al que no calificaré porque ya lo hizo el propio Dani Ponz dejándolo en la caseta al descanso. Y delanteros, sólo se salió con uno: Losada. Que sin querer jugar a ser entrenador, le sigue faltando (a Losada) un punto de forma que le afecta, y sobre todo a él, de manera tremebunda: aunque sigue luchando como un jabato, no atina.
El partido iba a ser tan soporífero que a los dos minutos ya nos habíamos lesionado: Manu Ramírez, tras un placaje de Amoah que no vio ni tarjeta, fue directo al hospital para ver esa clavícula. Por él salió Asier Teijeira –gran decisión e imagino que el próximo partido será titular–, que incluso estando varias veces impreciso –como todos los jugadores–, tuvo momentos con balón mirando a la portería y a los desmarques, que aún no han tenido muchos de sus compañeros jugando muchos más partidos y, por ende, muchos más minutos. En el 11’, con Teijeira en estado de gracia, casi la mete éste tras centro de Serrano en una jugada que comenzó Losada en el medio campo y que detuvo en dos tiempos y con mucho sufrimiento el portero del Tarazona. En el saque de esquina correspondiente, Serrano estuvo relativamente cerca de conseguir un gol olímpico. Pero el partido era un horror. Unionistas ni dominaba ni tiraba a puerta contra un Tarazona encomiable en su falta de calidad. A los 37’ Teijeira casi la clava desde fuera del área. Había que intentarlo. Cuando un minuto después Javi Villar, que hoy jugaba de defensa, también probó fortuna desde lejos, con menos tino que Teijeira. En el 40’ llegó el único susto de la SD Tarazona que no metió gol porque Cocca disparó fatal a bote pronto, solo, desde el punto de penalti, con la defensa unionista dormida. Y para cerrar el lamentable primer tiempo, Losada chutó casi al córner –es verdad que estaba algo escorado– tras pase de un desdibujado Rastrojo.
A fuerza de ser sinceros, en la primera mitad hubo sólo una noticia buena: que al menos no nos habían metido gol. Y sí, que los últimos 15 minutos el equipo fue algo hacia arriba. Algo. Pero sin tirar a puerta es difícil meter gol.
La segunda parte comenzó con el reconocimiento de Ponz a su error: Nespral sacó del campo a un inoperante Tur. Y o por el astur o porque tenía que ser así, durante los primeros diez minutos Unionistas parecía tener una marcha más. Ya en el 47’ Rastrojo, a pase de espuela de Serrano, disparó –¡a puerta!– deteniendo un buen Yoel Ramírez en dos tiempos. Y a partir de ahí, la decadencia contra un contrario aún más limitado que en la primera parte. El aburrimiento era antológico cuando no se vislumbraban más cambios, hasta que en el 68’ Alfred Planas entró por Serrano y Ewan Urain por Rastrojo, aunque tres después sería Amoah el que chutaría con buena intención lejos de la portería de Iván Martínez, que volvió a ser titular por mucho debate ficticio que se cree cada semana.
Para intentar entender el desagradable encuentro, con fallos infantiles, pérdidas de tiempo, lesiones por doquier y arbitraje regular, cabe destacar que el comentarista del canal FEF TV se enteró, nueve minutos después de su entrada al césped, que Ewan Urain estaba sobre el campo.
En los minutos 78’ y 79’, atacando como no lo habíamos hecho en casi 80 minutos de partido –partido adolescente: lo dicho–, tuvimos las dos más claras. En la primera, Losada remató, por llamarlo de algún modo, con la cintura, un balón a bocajarro que Yoel Martínez detuvo en dos tiempos; y al instante, centro envenenado al que no llegaron ni Losada ni Ewan.
A diez minutos del final entró Álvaro Gómez por Carlos Giménez. El propio Álvaro tuvo un buen disparo, otra vez desde fuera del área, que se fue fuera. En algún momento hasta vimos a Ramiro tratando de chutar dentro del área, desesperado. Pero si todo iba mal pudo haber sido peor si en el minuto 95, a segundos del pitido final, y cuando nos pillaron en un contragolpe, Guille hubiera metido un gol cantado que aún nadie sabe cómo echó fuera, metáfora de un partido donde prácticamente no se tiró a puerta y donde cada equipo se sostuvo entre fallos tremebundos, algunas veces infantiles.
No sé qué dirá Ponz en la rueda de prensa. Pero el dato ya no es si no nos meten goles –otra vez portería a cero– sino que, por segunda semana consecutiva, no sólo no metemos gol sino que casi ni hilvanamos jugadas que generen al menos ocasiones.
Estamos en una minicrisis de la que saldremos. Pero para nada jugando como hoy. Y como otra noticia positiva: menos mal que hoy nos visitaba la SD Tarazona, que celebraba el empate casi como si hubieran ganado, porque si llega a venir un equipo con sólo un poquito más de calidad…
La semana que viene jugaremos contra un conjunto parecido al Tarazona: el Arenteiro. Y aunque el campo sea pequeño, llueva y todo eso, tenemos que volver sí o sí a la senda de la victoria, a poder ser tirando a puerta.

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