Crónicas a posteriori antes de otro sueño copero (Unionistas 2– Nàstic de Tarragona 0)


A decir verdad, estoy visionando ahora el encuentro en diferido, como en aquellos años ochenta en donde dejábamos el VHS y su cinta dentro, programada, para grabarnos algo en la madrugada o cuando trabajábamos, y luego deleitarnos al verlo, sin tanta información sobreactuada como ahora sí acontece. Porque yo me quedé a ver a Unionistas en directo, esta vez en la madrugada tailandesa que no balinesa, e incluso con el gol de Ramiro, como si fuera nuestro delantero centro más adecuado –cómo remató de cabeza desde el área chica marcando los tiempos–, me tuve que ir a dormir del cansancio que me poseía. Luego me levanté al baño –corría la segunda mitad– y comprobé que íbamos dos a cero, por lo que terminé de dejarme caer para hoy, casi un día después, comprometerme conmigo mismo en esta crónica del primer equipo de fútbol popular que ascenderá, tarde o temprano, al fútbol totalmente profesional: aquel donde sus miembros no juegan en campos sin graderío, y donde el VAR, aunque le escueza a algunos, acaba por amortizar los errores criminales de los árbitros que aún se producen en las divisiones donde no se cumplen las reglas y los estadios carecen, algunas veces, graderíos.

 

 

Viendo un partido en diferido también se demuestra el amor a unos colores. Conoces el resultado, los goleadores, has visto el resumen un par de veces en YouTube, además de que has leído la crónica en el Salamanca 24 horas, en la Gaceta, en el Salamanca Hoy, en La Tribuna… Pero incluso así, lo ves como si de algo importante se tratara; con la ilusión intacta del niño la noche antes del día de Reyes. Como si en realidad hubiéramos ganado 4–0 y yo me quedara hasta el final soñando con otro par de golitos. 

 

Escucho, a su vez, la rueda de prensa de Ponz y dice que ayer metimos dos goles por efectividad cuando otras veces llegamos diecinueve veces y no convertimos. Yo creo que, para ser justos, o en realidad precisos, los dos goles se producen tras dos centros perfectos: un auténtico rara avis desde que comenzó la competición. Porque a la vez de aquellos centros magistrales, el primero de Rastrojo y el segundo de Teijeira, habría que sumar dos graves fallos defensivos del Nàstic, en ambos goles, sobre todo en el segundo. 

 

Pero incluso así: da igual. Jugamos una primera parte notable y una segunda más que suficiente jugando a exactamente lo contrario que en la primera. Y le ganamos a una gran plantilla que ayer no estuvo a la altura. Que, sumado a la derrota del Sporting, y sin marcar, en el campo del inmaculado (en victorias en casa) Cartagena, me hacen pensar en una posibilidad real: eliminar este próximo miércoles al Sporting en el Reina Sofía y luego cruzar los dedos para enfrentarnos otra vez al Madrid o quién sabe si esta vez al Barça. 

 

Y me planteo, además, algo que por posible me emociona: conocida la racha con Ponz el curso pasado y viendo que acabamos de pasar siete partidos en donde casi no sumamos, no sería extraño barruntar que lo de ayer es posible que haya sido el comienzo, ojalá, de otro lapso donde, de nuevo, nos metamos en las posiciones de cabeza, imparables en nuestras victorias y siempre con la portería a cero. 

 

O dicho de otra forma: Unionistas acaba de finalizar su pretemporada, su puesta a punto, y ya no hay quién lo pare. 

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