Ni llovía ni nevaba ni hacía viento extremo ni el campo estaba embarrado como tampoco, en el tiempo que visioné el partido, fui testigo de atentados cerca de la Nova Creu Alta, siquiera de golpes de Estado cuando, en realidad, dormí la mitad de las catorce horas de viaje. Porque yo iba en un autobús. Pero incluso amando a mi equipo yo me quedé dormido tras el descanso, camino de Laos, mareadísimo por tratar de concentrarme en la pantalla del móvil donde lo que había que ver era sólo dolor, y cuando escuchaba, descubrí que Key Galán, en realidad –y con razón– estaba en su casa retransmitiendo. Cuando la primera parte tocaba a su fin, vi ese atroz pase atrás de Ekaitz Jiménez que si no fue gol en contra fue porque nos enfrentábamos al último clasificado y porque seguimos siendo muy afortunados.
Tan cerca del cierre de la primera vuelta de la competición, que arrojará a su finalización una realidad impepinable –nadie que esté abajo llegará arriba salvo que contrate a Ponz: ¡y a Ponz ya lo tenemos nosotros en nómina!–, debemos comenzar a aceptar una realidad absoluta, mucho mayor que darse de bruces con una imagen milagrosa un domingo de ramos por la mañana haciendo el camino de Santiago, o de enterarnos hasta por ella, por nuestro amor, de que ésta está con otro e incluso con varios. Porque, aunque ganáramos a un aspirante al ascenso, y tres días después hiciéramos lo propio con otro candidato al ascenso –en este caso a Primera división–, lo nuestro este año, no será ni de ascender, ni de tratar de, ni siquiera de andar por casa como si nada. Y ojalá me equivoque, porque jamás hemos tenido mejor defensa, que no mejores porteros –ojo a la gracieta de Cacharrón en el larguero de ellos, que o es arquitecto de tiros a puerta o se excedió en su chulería–, además de poder señalar algunos jugadores notables que no siempre lo son.
Sea como fuere, regresa una locura absoluta que pudo haber sido un sabio empate en campo de presupuesto alto, aunque fuera del último clasificado, como excusa por otra portería a cero y, sobre todo, otro empate, que siempre es mejor que sumar nada. Pero Baselga, a dos del final, con un remate de cabeza donde se adelantó con facilidad al defensor (hablamos de nuestro lateral derecho) Camus, no sólo hizo justicia, sino que ayudó a que Ponz, por primera vez durante esta temporada, entonara un mea culpa tan absoluto en la rueda de prensa, que uno se pregunta si la liquidación por lo que le resta de año, volver a entrenar la siguiente temporada y, sobre todo, pasar con su familia la Navidad, no sería una gran opción viendo que, este año, ni él le saca el partido que todos preveíamos a la plantilla ni el equipo, por medio de su director deportivo, parece que no sólo haya sido confeccionado de manera notable, sino que incluso podría ser que, con dos o tres fichajes en enero, todo siguiera igual o parecido.
Perder ante el Sabadell podría ser correcto si no fuera por la lamentable racha de resultados de ambos en liga –olvídense por un momento, por favor, de lo del Sporting–; cuando si el próximo sábado no ganamos al Teruel en el Reina Sofía, ¿qué podría ocurrir que ya todos sospechamos?
Y déjenme seguir haciéndome preguntas: ¿Por qué el jugador más joven además de más utilizado, Carlos Giménez, dejó su sitio a Camus en el descanso? ¿Y por qué, ¡de nuevo!, Adri Gómez y Tur fueron la (des) manija del equipo desde el pitido inicial? ¿Acaso es habitual que el delantero más goleador sea siempre el último en salir al campo y casi siempre, muy al final?
Soñé tanto con este sábado, en la madrugada de un autobús tailandés, como creí que en la frontera con Laos me deportarían. Porque estaba jodido. Otra derrota, otra pésima imagen, sin tiros a puerta, y contra el último, aunque fuera el Sabadell. Porque si somos justos el encuentro fue parecido al del Arenteiro: nos destruyeron, aunque la diferencia de goles entre ambos envites fuera evidente, y jugamos casi igual, aunque ayer hasta sin charcos.
Y como ya dije hace semanas: si Ponz no estuviera con nosotros lo ficharía mañana, ¡pero es que está con nosotros! Y para los que tanto amamos al club, dos consejos: fichar urgentemente a un organizador tipo Nespral, que si es posible incluso le mejore, y a un delantero centro que de verdad meta goles, incluso más que Slavy: aunque con que juegue más hasta me conformo. Porque a partir de ahí –y sé que habrá más fichajes– comenzaremos a salir adelante.
Pero si queréis tirar por tierra todo lo que he dicho antes, ganemos al Teruel el próximo fin de semana. ¿Aunque, que ocurriría si volvemos a perder contra el Barça B a la siguiente? ¿O es que amamos estar en tierra de nadie y animar como norcoreanos sin más metas que abrazarnos?

No comments:
Post a Comment