Por Bangkok y con Key (Unionistas 2–Sporting de Gijón 0)


Bangkok de noche. Varios millones de personas. Concretamente once. Y yo en un bar inglés rodeado de gente extraña. Futuros impertinentes. Todos beben. Hasta yo. Una sudafricana más blanca que la virgen me pregunta que quién soy. Y yo comienzo a escuchar a Key sin prestarla atención. Son las diez de la noche, hay gente jugando al billar, putas y no precisamente sólo en las esquinas, y los amigos que me han traído hasta allí no cesan de preguntarme sobre mis libros antiguos, los venideros, y sobre todo por el de Segarra, que por estos lares transitaba hace sólo ocho años como si tal cosa hasta que decidió, según el juez, descuartizar a su amigo Bernat. 

 

Cuando uno de los de la mesa me pregunta que qué estoy haciendo, desconectado del resto, grito gol. No puedo verlo. Tan sólo por los ojos de Key Galán. Ojalá fuera un transistor, a la antigua, pero era mi móvil. Alfred Planas de falta directa. En las pantallas del bar, curiosa y simultáneamente, media docena de partidos. No presto atención a ninguno. Siquiera a mis amigos y/o conocidos. Para agudizar mi orgasmo Javier Sánchez Cascón, que está en el Reina, me envía un video del golazo de falta. Piel de gallina. 

 

Parece que ellos aprietan. Queda poco para el final de la primera parte. Me despido de todos. Simulo que tengo algo importante que hacer. Cuando en realidad es mucho más que importante: llegar a mi casa postiza en Bangkok, la cual dejaré en unas horas, y escuchar a Key con la ayuda de Carlos Matía, con el que me deleito con sus predicciones y análisis de los equipos contrarios en Alineación Indebida. 

 

Y para los de las auditorias, las anécdotas y las estadísticas, comentar que no sólo he estado animando en persona a Unionistas en Riazor, sino que a través de Key o de otras retransmisiones radiofónicas o del canal de FEF TV o de los anteriores, durtante madrugadas tan interminables como húmedas, he jaleado y sufrido por mi equipo desde: las islas de Sal, Praia, Fogo y Brava, en Cabo Verde; también en Málaga; y ya en Asia, desde Bali y Kupang además de en Dili, capital de Timor Leste, y esta noche de miércoles copero y el pasado domingo, en Bangkok. La gracia, les aseguro, es que el encuentro del próximo sábado en Sabadell lo veré desde mi móvil en un autobús, acercándome a la frontera laosiana, y que desde la siguiente jornada animaré a los míos desde Laos, a orillas del Mekong, donde los que nos manipulan desde tiempos inmemoriales dicen que detuvieron a Luis Roldán aunque fuera mentira.

 

Accedo al skytrain. Que es un metro que en vez de transitar bajo tierra lo hace en las alturas, entre edificios gigantescos. Estación de Thong Lor. Una rubia de bote, aunque bellísima –además de nativa–, me mira. En realidad, me insulta sin decir nada. Escucho con ciertos decibelios dentro del vagón el encuentro. Seguimos uno a cero. Sonrío. Entre mi gesto, la edad, mi procedencia, la melena calva, la altura y mi sonrisa en apariencia sin sentido, asumo que la rubia de bote podría llamar a seguridad. Pero mi parada es la siguiente: Phrom Phong, donde desciendo entre la lumínica, artificialmente hablando, noche se Sukhumvit. Desde allí, entro por la 39 hasta esta casa, caminando durante más de un kilómetro. La gente come en la calle. Y entonces, Camus mete el segundo, al parecer de chilena. Mi grito devora la normalidad. Los que cenan creen ver a un futuro detenido: un puto blanco, de esos que se drogan y alcoholizan. A por él. Aunque al que habría que ir es a por Camus. De chilena, el muy cabrón. O con la polla, si hubiera hecho falta. Sinónimo o metáfora de lo que ahora es Unionistas: un equipo que asume esas rachas positivas con las que Ponz ya cabalgó con nosotros: de no meter ni en propia puerta a que un lateral derecho que no juega y que ha estado lesionado el 80% de la liga la meta de tijera. 

 

A la entrada del edificio, los porteros se cuadran militarmente para saludarme, algo habitual por estos lares. Nadie sabe qué es Unionistas. Nadie sabe qué escucho a través del móvil. A veces, un ser humano puede ser único en el mundo. A veces, un equipo puede ser, a miles de kilómetros de distancia, tu biblia. 

 

Diez minutos sobre la media noche. Me voy a dormir. Unionistas ha eliminado al Sporting con otra portería a cero. Y tras cepillarme los dientes, en vez de contar ovejitas, sueño con la bolita, este viernes, del Barça o del Madrid. Y sí, cuando ya perdía el conocimiento, la voz de Key ha vuelto a pervertirme: ¡gol de Unionistas! Porque esto sólo acaba de empezar. 

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