Para los que sentimos a Unionistas como el ejemplo del fútbol diferente, en realidad, del fútbol que era, del que ya fue, enfrentarnos a una de las cabezas de león a nivel mundial nos emociona aún más en nuestra no precisamente ni silenciosa ni lenta carrera hasta la élite del fútbol español. El Barça, que desde tiempos inmemoriales se hace llamar ‘más que un club’ –la razón no sólo hay que buscarla en sus varias secciones (baloncesto, balonmano, futbol sala, hockey patines…) sino en que se sienten superiores–, especialista en robar de otras canteras, cuando desde la UEFA le investigan por ilegalidades varias cuando en España no quiere hacerse más leña del árbol caído (pagos arbitrales) por asuntos simplemente políticos, decía que ese Barça, el archiconocido Fútbol Club Barcelona, de vez en cuando tiene que enfrentarse a equipos donde sus socios son los dueños del club con unos presupuestos que deben dar risa al que maneja sus hilos. Pues bien, ayer tuvimos ocasión de visitar el estadio Johan Cruyff –no creo que pasen más de tres años para que nos llegue la ocasión en el Camp Nou– y de llevarnos una victoria holgada por el resultado y por el absoluto control defensivo: maniatamos a los que se consideran mejores jugadores por pertenecer a tan afamado club.
Ganar 0-2 y todavía desperdiciando tres ocasiones bastante claras, cuando el equipo de Rafa Márquez sólo tiró dos veces a puerta y una sola con peligro, demuestra que dentro de nuestro triste caminar por este campeonato de Primera Federación –triste por los altibajos y porque todos queremos más– somos más de lo que parecemos. Porque el ejercicio defensivo perfecto de ayer noche, con más jugadores siendo solidarios que población pone el hombro para extinguir un incendio, demuestra que, en realidad, no estamos tan lejos de conseguir algo aún más grande que solamente eliminar este próximo domingo a un Villarreal que llegará muy nervioso a Salamanca y pensando sólo en la Liga.
Eso sí, debemos ser conscientes de que de la misma forma que ayer dimos una excelente imagen, el equipo sigue con problemas para ejecutar. Ayer, para que lo entendamos mejor, metimos el 23% de los goles que llevábamos hasta la jornada anterior, la diecisiete. O lo que es lo mismo: en diecisiete jornadas perforamos la portería contraria en nueve ocasiones –prácticamente a un gol cada dos partidos– cuando ayer lo hicimos dos veces y en sólo noventa minutos. Queda mucho por mejorar y, sobre todo, dar continuidad a este gran resultado pase lo que pase el domingo en Copa: porque en casa contra el Rayo Majadahonda hay que ganar sí o sí para de una santa vez olvidarnos del descenso.
Demos gracias a que el filial del Barça, con tanto zurdito, jugón, gente de calidad extrema, deja su portería penetrable. Y bien que lo vio el que, aunque juegue mucho menos siempre mete, Slavy, tras un fallo defensivo de su marca propio de categorías infantiles. Eso no le resta mérito: sin él posiblemente lo de ayer habría sido sólo otra ocasión marrada. Mención especial para el buen partido de Alfred Planas, bien secundado por Rastrojo, con Jordi Tur y Adri Gómez excelentes en tareas defensivas. Quiero decir: cuando Unionistas se enfrenta a equipos con mucha mayor calidad debe hacer como ya llevamos años realizando: cerraditos atrás, solidarios al extremo y veloces para aprovechar alguna salida así como certeros para embocar alguna de ellas. No, no sabemos dominar. Aún. Se nos pegan las lentejas de tanto mover el balón, exactamente lo mismo que ayer noche le ocurrió al Barcelona Athlètic, desdesperado por no encontrar una sola fisura en nuestra defensa. Y por eso, ante el Rayo Majadahonda y viendo cómo tropezamos contra todos los de abajo que jamás llevan la manija (Sestao, Tarazona, Teruel) además del Sabadell, que sí nos dominó, debemos saber traspasar su línea defensiva. Vamos avisados.
Mención especial en la noche de ayer para Cacharrón, que supo manejar el tempo del partido con suma inteligencia y detener el único balón serio que le chutaron. Y claro, qué decir de una línea defensiva que ya querría para sí el primer equipo del Barça. Y no exagero. Miren, con el marcador a favor y la solidaridad extrema ocurren cosas impensables: Álvaro Gómez, defendiendo como lateral derecho, sale al contragolpe, se detiene en el área, marca los tiempos y la clava en las redes tras certero remate de cabeza. O por decirlo de otro modo: con el marcador en contra ese gran centro de Juan Serrano habría pasado completamente desapercibido.
Y gracias a Ponz, por el acertado planteamiento y por haber hecho debutar a Pablo López, que hasta hace unos días bregaba por extraños campos de la regional castellanoleonesa. A sumar el detalle con importancia del club de hacer subir a los chicos al tren para que la duración del trayecto fuera humana, y con todo esto que voy diciendo aquí tienen el resultado: victoria fuera, portería a cero casi sin conceder ocasiones, y felicidad absoluta antes de los dieciseisavos de final de la Copa del Rey, en donde, sin exagerar un ápice, podemos pasar.
Y ya saben: mes que un club es Unionistas: por no gastar un euro de más de lo presupuestado, por ganar cada temporada masa social y por asumir que si el Barça ya sabe cuáles son sus límites, nosotros, en cambio, aún vamos camino de la estratosfera. Y avisados quedan todos.
P.D: Y qué decir, porque ya es muy repetitivo, de los 120 unionistas que se fueron hasta Barcelona a animar. Mis felicitaciones tras los anteriores viajes a Cataluña, tan frustrantes, a Palamós y Sabadell.

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