En la rueda de prensa anterior a la disputa de este partido, la del viernes, Dani Ponz, con un 70% de sensatez –afortunadamente a mejor, aunque para nada recuperado del todo–, volvió a meter su dosis de propaganda: En Vigo tuvimos durante el partido más expectativa de gol que el Celta B. Del minuto 46 al 80 –dijo– hicimos 38 centros al área rival, 16 conquistas de fondo y en total, tuvimos 15 ocasiones de gol, la mayoría en ese periodo de tiempo. El que escribe, que es de Unionistas, y que sin ser entrenador lleva viendo partidos de fútbol desde que López Ufarte metía centros que daban ligas a los de Atocha, se queda perplejo, ya que si uno es justo debería también reconocer que Unionistas sólo tuvo tres ocasiones durante ese encuentro y que hasta el 2-0 del rival, y copiando la capacidad de generar positivismo infantil en las ruedas de prensa de Ponz, yo podría asegurar que en vez de 2-0 podíamos haber ido perdiendo 7-0. Y de verdad que exagero menos que él. Si contáramos ocasiones celtiñas, varias a bocajarro –las que nosotros tuvimos no fueron tan claras, salvo una de Rastrojo y la de Adri Gómez al larguero–, ya verían que cuento la verdad.
Por eso ayer me conecté al partido contra la Ponferradina con la mosca detrás de la oreja. Quién le mandaría a Ponz contarnos, cinco días después de un partido que ya es pasado, una apreciación rotundamente injusta, con la que en realidad se trata de difuminar una verdad rotunda: aunque hubiéramos podido empatar en Barreiro, y hasta ganar, porque el fútbol no es una ley matemática y no siempre gana el mejor o el que más genera, la realidad palpable es que hasta que quiso y jugábamos en igualdad de condiciones el Celta Fortuna pudo habernos metido, tranquilamente, cuatro o cinco goles. Y claro, me temía que la alineación contra la Ponferradina volviera a ser una caja de sorpresas.
Y nada más verla tomé los siguientes apuntes; aún restaban diez minutos para que comenzara el encuentro y esta crónica, claro está, aún no existía: Regresa al once Erik Ruíz y sale Camus; además, Planas por Serrano y Teijeira por Slavy ; en ataque sólo Losada, que juega todos los partidos y casi todos los minutos y lleva un gol en trece partidos y porque Germán Parreño, portero del Dépor, realizó aquella cantada de libro. Slavy, que no ha jugado ni el 40% que Losada y lleva tres goles de los siete que llevamos, otra vez al banquillo. Independientemente de si Losada presiona y se faja hasta el límite, si jugamos con un solo delantero y éste no suele meter gol parece que concedemos cierta ventaja al rival. Bien por Teijeira desde el inicio. Espero que si no vamos bien en la primera parte no lo saque del campo en el entretiempo, con esos cambios fáciles que realiza, tipo los de Slavy. Y que Teijeira meta gol o dé asistencia, para justificar su presencia en el once. Y recordar que ellos llegan con cuatro bajas más la de Pol Llonch que se ha lesionado calentando. Y que Yuri se queda en el banquillo dejando su puesto al desquiciado y en caída libre Álvaro Vázquez. Y luego, comenzó el encuentro.
La primera parte no estuvo mal y en algunos momentos estuvo hasta bien. Lástima de no disponer, como escribí antes del comienzo, en el párrafo de arriba, de delanteros que metan goles. Rastrojo, que parece ser el que más ocasiones crea, la tiró fuera, rozando el poste, sólo contra el portero en el minuto 17 tras notable carrera; Losada remató en el 19’ y la sacó sin muchas dificultades su guardameta, porque el tiro iba bien centradito; luego estuvo la de Planas que, que algo lento, tiró casi de primeras una volea no sobresaliente que sacó Andrés Prieto en una buena parada, cuando en el 45’ Losada, por segunda y última vez en el partido, remató desde el borde del área, fuera, desequilibrado.
La primera parte también ofreció otro tipo de anécdotas. La primera, que la entrada al Reina Sofía fue de 3.040 aficionados, en medio día del club aunque también en derbi regional contra un equipo que acaba de descender de Segunda División y que trajo al menos a trecientos seguidores desde El Bierzo. O sea, nueva entrada insuficiente, teniendo en cuenta que superamos los 4.300 socios. Recuerdo cuando hace justo un año las asistencias al Reina Sofía también eran bajas, y que se comentaba que la razón residía en el pobre juego de los de por aquel entonces Casañ, que no acababa de gustar a los aficionados. Pues bien… Porque al comienzo del partido, tarde soleada y diecinueve grados centígrados. Por cierto, que esos trescientos bercianos sacaron una pancarta que por ahora duele más a la razón y a unos que yo me sé, embaucadores ilegítimos, por las lentísimas resoluciones judiciales sobre evidencias parecidas a que dos más dos son cuatro: Unión solo hubo una, rezaba en el par de telas blancas. Lástima la falta de la tilde en sólo. Y por último, tremendo tapete el que ha dejado la empresa Hermaflor. Al menos ya disponemos de un césped de, como poco, Segunda División. Ya sólo faltamos nosotros para rendirle digno homenaje a la hierba.
Antes de que la segunda parte comenzara me hice la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible el cambio del equipo cuando juega en casa a cuando lo hace fuera? Incomprensible. Pero la segunda mitad ya no dejó esos destellos de la primera. Aunque Rastrojo volviera a tener la suya la Ponferradina controló mejor. Sin profundidad, pero estaba más asentada que en la primera mitad, presionando muy bien arriba. Y llegó el momento Ponz, que sacó a Jon Rojo por Rastrojo además de a Ewan Urain por Planas: Slavy, nuestro máximo goleador, seguía calentando banquillo. Jon Rojo, de pronto, se colocó en la derecha, de lateral. Según dijo Ponz en la rueda de prensa a posteriori, para sacar ventaja de su zurda ya que jugábamos muy bien a las cuatro esquinas. Tres minutos después, en un balón parado, Markel Lozano nos metió un gol sorprendente: habíamos fallado en defensa y en cadena. El susodicho remató solo, a bocajarro. Y claro, viendo nuestra nulidad de cara a puerta, ¿quién podría apostar no ya por una remontada, sino por un mísero empate, otro en casa?
A ocho del final Slavy dejó a Losada en el banquillo, pero ya no hubo tiempo para más ante un ordenado equipo berciano, que incluso así puedo haber visto cómo le empatábamos en el descuento tras remate de Camus, que salió en el mismo momento que Slavy por Ramiro Mayor, y que, con una parada sobresaliente de su guardameta Andrés Prieto, nos dejó con la miel en los labios. ¿Fue mejor la Ponferradina? Seguramente no. O sólo a veces. Lo sí fue mejor es en efectividad y en manejar a la perfección su ansiedad, que también la tiene –muchas críticas desde su gente y los medios al proyecto berciano–, y sus numerosas bajas.
Casi un año después perdemos en casa, que era el único tesoro del que aún podíamos vacilar. Y de la rueda de prensa de Ponz tras el partido resaltar su tristeza, justificada por el resultado injusto aunque posible viendo que no creamos ocasiones claras y que las pocas que conseguimos se lanzan fuera, que nos deja cada vez más cerca del descenso y ya no digamos a años luz de la zona alta, una utopía viendo que de los últimos dieciocho puntos hemos sacado sólo dos. Y como anécdota lamentable: ayer el Tarazona metió gol, por lo que ya nos supera, y sólo nos quedan por debajo de nosotros Teruel y Sestao, y del otro grupo el Melilla, que marca los mismos: siete en trece paridos, aunque ellos con un partido menos, el que juegan hoy. O por ser más concisos, tanto que a Ponz le gustan las estadísticas: de los 82 equipos que participan entre Primera División, Segunda División y Primera Federación, somos los terceros por la cola a la hora de meter goles, incrustados en la posición ochenta y veremos si hoy Teruel y Tarazona no se desmelenan con un par de goleadas a favor y nos dejan de farolillo rojo. Y el que mete casi la mitad de los nuestros, saliendo al campo en el minuto 82.
Y el domingo en la matinal a Fuenlabrada. ¿Qué once sacará Ponz? ¿Jugaremos sin delanteros que metan gol? ¿Cambiará de nuevo al portero? ¿La línea de defensa? ¿Habrá pájara inicial? ¿Rueda de prensa a posteriori sin sentido justificando lo injustificable? Sea como fuere, nos quedan siete días para enmendar la plana que es responsabilidad de todos.

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